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viernes 20 de junio de 2008

Qué es compatibilidad (I)

Mientras esperamos que empiece la función privada, sacamos la cuenta de lo que cuesta hoy en día una salida al cine. A saber:

- Doble entrada de adulto: $40
- Estacionamiento (suponiendo que no esté incluído en el ticket): $14 promedio
- Bandeja mediana de nachos con queso: $12
- Gaseosa grande para compartir: $10 a $15

"Encima, a la salida, los nachos quedaron en el olvido y ya hay que ir a comer. Mínimo, 50 mangos más" apunto.

Sin mirarme, como siempre, me lee el pensamiento:
"Prefiero gastar esa guita pernoctando en un telo".


miércoles 18 de junio de 2008

Fiebre

La sensualidad está en la palma de sus manos, en la punta de unos dedos aparentemente toscos que transmiten electricidad a mi piel.
Es distinto cada vez. No es lo mismo la caricia en la espalda cuando hay dolor o cansancio que la caricia del domingo por la mañana, esa que baja de a porciones por el pecho, el vientre, rodeando las caderas y asciende luego por la espalda sobre un sendero de suaves vértebras desalineadas.
No son iguales sus dedos hacendosos cuando se abren paso por mis intersticios, que cuando se deslizan por mi pelo largo, lavándolo. La presión de las yemas en mis sienes cuando me duele la cabeza. El filo de sus uñas incipientes quitándome una espina.
La verdadera sensualidad de sus ojos es aquella que espío cuando cree que no miro, cuando él mira ausente al vacío si me besa en un lugar lleno de gente. Lo descubro siempre. Sólo para mí.
La sensualidad es, sobre todo, que uno sirva al otro sin perder la cadencia, imbricándose en su cuerpo y en su mente. Cuando estamos enfermos, descubrirnos, más allá de la fiebre y los mocos, cargados de una sensibilidad distinta.
Y nuevamente sus ojos, mis ojos, los dedos que se encuentran, la yema solitaria trepando por el puente de una nariz enrojecida y los labios inusualmente hinchados. La piel estremecida, sensitiva, bajo las palmas húmedas.

La noche cae temprano, hace frío. Caminaré sola a casa, aunque a mi alrededor estallen los fuegos de artificio de una plaza más. Y allí, en la oscuridad, encontraré esa piel càlida que brilla.

lunes 31 de marzo de 2008

Miércoles (De falta de peteras y bajones ajenos)

Selma dice:
uh, te dije que me encontré con ese?
Selma dice:
el jueves?

Anaïs - Oficina dice:
Oh... my ...
Anaïs - Oficina dice:
no!!!
Anaïs - Oficina dice:
contandum!

Selma dice:
volvía de la psicologa caminando hasta lo de mi amiga, y lo crucé en la parada del colectivo.
Selma dice:
no sabés cómo está!
Selma dice:
destruido lo dejó la mina.
Selma dice:
es casi casi un muerto, eh.
Selma dice:
DENSOOOOOOOOOOOOOOOO

Anaïs - Oficina dice:
uy dio, pobre
Anaïs - Oficina dice:
qué lo parió

Selma dice:
a mi me tocan, todos los "te acompaño"

Anaïs - Oficina dice:
se lo exprimió todo y lo largó a la vida otaé

Selma dice:
está hecho mierda.

Anaïs - Oficina dice:
ufa

Selma dice:
y está super enganchado con la minita esta todavía.

Anaïs - Oficina dice:
pero tiene que cambiar la actitud, che...
Anaïs - Oficina dice:
media pila

Selma dice:
sí, lo cague a pedos too el camino.

Anaïs - Oficina dice:
MEDIA

Selma dice:
pero es moneda, el pibe.
Selma dice:
re moneda.

Anaïs - Oficina dice:
por qué les cuesta tanto resetear el chip???

Selma dice:
porque la ponen poco, An.

Anaïs - Oficina dice:
justamente, che, pero peteras hay en todos lados!!!

Selma dice:
no creas.
Selma dice:
hay más minas remilgosas que peteras, se ve.

Anaïs - Oficina dice:
juex!

Selma dice:
porque si no, no se explica que estos HOMBRES GRANDES
Selma dice:
estén así de pelotudos.

miércoles 26 de marzo de 2008

Sade, dit moi

Son días de archivaje. Cada vez menos gente en la oficina por tanta vacación atrasada, tanta renuncia. Vienen bien las horas extra aunque nunca sepa cuándo las voy a cobrar. Archivar me encanta; puedo meterme durante horas en estos cuartos oscuros, con olor a cine viejo de barrio y encuadernación suelta, yendo y viniendo a las planillas Excel y Access para ingresar un nuevo inventario.

Tengo poca música en la notebook, una Compaq del año del cuete que desterraron para que la usara yo. Entre los mp3 perdidos, at random, suena esta voz familiar muy metida detrás de la melodía.

Sade, dit moi
pourquoi le sang pour le plaisir?

Le plaisir sans l'amour.
N'y a t'il plus de sentiment dans le culte de l'homme?
Sade, es-tu diabolique ou divin?

La canción con la que empecé a masturbarme en prolijas sesiones de ausencia paterna y fraterna en el caserón de mi infancia. Escuchándola, recuerdo que a veces preparaba durante horas el momento para que, al quedarme sola, todo fuera perfecto. La música, mis manos, algún juguete extra para estimular la sensibilidad no clitoridiana. La oscuridad y yo. Como aquí, ahora.

Hay una silla desvencijada al fondo de todo, subo el volumen de la pc (a las siete de la tarde sólo podría escucharme la recepcionista, y está demasiado metida en sus chats y la música del Cirque du Soleil como para prestarme atención) y me siento, separando bien las piernas, bajándome el cierre del pantalón.

Me levanto la blusa, siempre me excito más cuando veo mis propias tetas e imagino (evoco) otras. Acaricio suavemente de abajo hacia arriba, hasta la aréola de insensibilidad engañosa. Lamo mis dedos, una mano se concentra en dar placer a mis pezones y la otra busca la tibieza húmeda de los labios vaginales. Mi vulva, de por sí apretada y carnosa, se vuelve rechoncha cuando estoy excitada; se resiste a ser penetrada. La sensibilidad extrema no hace que me apresure, sino más bien que demore el momento del estallido.

De cualquier manera, sé que no voy a durar hasta el final de la canción; nunca resisto tanto. Con los dedos anular e índice derechos abro los labios, preparando la entrada de mi dedo mayor. Gimo. Me escucho a mí misma respirando fuerte y gimo. Las aréolas se oscurecen, la mano izquierda empuja hacia arriba, la punta de mi lengua encuentra el pezón izquierdo. Lamo. Más fuerte. Muerdo la punta de mi pecho izquierdo, soltando los demonios.

Mi concha se empapa. Las imágenes del fin de semana pasado con Él, mezcladas con la música, me hacen perder la conciencia de dónde estoy; si en este momento entrara alguien al archivo, me encontraría despatarrada, la boca abierta en un grito silencioso y tres dedos autopenetrándome con violencia.

Cuando salgo está oscuro. Él me espera. Algún día le contaré, evocando esta noche, de dónde me venía la calentura con la que pienso agarrarlo no bien llegue.

miércoles 19 de marzo de 2008

Neurosis negativa

Y dijo Carol:

Te diste cuenta que cuando hablás de los que morían por vos nunca decís "fulanito se enamoró de mí". Decís "fulanito se enganchó conmigo".

Dijo Anaïs:

No sé. El amor es una cosa compleja y ya hay demasiada gente tomándolo a la ligera. Si yo tuviera que creer que cada uno de los que se enganchó conmigo estaba enamorado, no podría con mi propia culpa.

Dijo Carol:

Ese es tu problema, neurótica de mierda. Dejá de llamar a las cosas por otros nombres. Me consta que J. estaba tan enamorado de vos que al día de hoy no puede soslayar el trauma de tu abandono, al momento de ponerse en pareja con otra persona. Es evidente que lo marcaste.

Dijo Anaïs:

Says who?

Dijo Carol:

Yo lo digo. Empezá a hacernos caso a los que te conocemos. A veces pienso que no te querés ni un poquito. Esa auto-desvalorización de tu influencia en los otros me preocupa, no porque te mientas a vos misma, sino porque te lo terminás creyendo. ¿Qué tan difícil puede ser asumirlo? Es bastante obvio cuando un hombre está enamorado, aunque prefieras decir "enganchado". Eso te sirve a vos, no a él. Si te ponés a pensarlo mejor, hasta te diría que es muy de modus operandi masculino, porque te simplifica el momento del corte.

Dijo Anaïs:

Acá entre nosotras, uso más una expresión que la otra por una cuestión de comodidad personal. Siempre me parecieron odiosas esas mujeres que van por la vida diciendo "fulanito se enamoró de mí" o haciendo alarde del poder que tienen sobre los hombres. Yo me sé poderosa y punto. Soy capaz de tener al tipo que se me antoje. Tengo la paciencia, las herramientas y la falta de escrúpulos que se necesita. Él nunca va a pensar que yo me lo levanté, siempre va a creer que fue él quien se fijó en mí primero. Después de todo este juego de poder en el que siempre gano yo... encima voy a estar haciendo un alarde de la conquista y de lo simples que son los tipos? Lo pelotudos que pueden ser al enamorarse de una depredadora como yo, cuando le planteo reglas claras desde el primer momento? Me parece cruel, innecesario.

Dijo Carol:

Eso es ser guacha, eh. No creo que asumiendo esa actitud seas mejor que las mujeres que presumen de rompecorazones.


sábado 15 de marzo de 2008

"C'est l'amour. C'est une merde"

Cuando comencé a escribir este diario no imaginaba que sería tan inconstante como lo he sido con los múltiples diarios de papel que tuve a lo largo de mi vida. Sólo uno, de todos ellos, guarda la continuidad que se requiere de las bitácoras de vida: el primero. Lo empecé a los diez años y terminé a los doce. Los demás son erráticos, escritos en clave para evitar que cualquiera que los lea pueda descifrar el sentido de las palabras, o a quién van dirigidas.

Hay uno particularmente delgado que abarca parte de mi adolescencia. Casi todo lo que allí dice es intrascendente o mentiroso; las cuestiones importantes quedaron afuera. Luego de un bache de cuatro o cinco años comencé otros cuadernos, prometiéndome que su regularidad no estaría atada a la disciplina, y me fue mejor. Pero cambié de ciudad, de vida, de hombres... la intención se perdió para siempre. Menos de un año después de la última página escrita, leía esos cuadernos y me sentía una extraña frente a mí misma.

Con este termina pasando, otra vez. Sentada frente a la vieja PC, con la taza yendo de la mesa a mis labios, me doy cuenta de la recurrencia que lo iguala a todos los demás (los que siguieron al primero, el único totalmente sincero). Los empecé en el calor de alguna crisis vital que tenía que ver con mis sentimientos, mi emotividad. Tan pronto pasó la crisis dejé de mimarlos, de visitarlos.

Cuando nació Anaïs (algún día contaré sus porqués), huérfana de todas mis identidades anteriores, nacida de la madre de todas las confusiones, pensé que podía subsanar ese defecto de mi carácter que tan bien expresó un amigo, ocasional testigo de cada comienzo y brusco final.

"Nena, el amor es una mierda. Cuanto más feliz sos, menos escribís. Estar enamorado es la muerte de tu escritura".

Hoy, que puedo decir que estoy verdaderamente enamorada, me propongo desafiar ese mandato y demostrarle a mi pobre diario defraudado que puedo tener una constancia equivalente a la de aquellos años más prolíficos. Después de todo, el pasado es pasado y siempre quise contarlo tal como lo recuerdo.

J'espère que cela va durer.

A bientôt.



martes 20 de noviembre de 2007

Dos razones

Como dije antes, fui a un colegio religioso. Como en todos los reductos clericales, la masturbación era tabú; motivo de escándalo, como mínimo. Exactamente la misma postura que mi familia (la chica y la grande) sostuvieron siempre.

Yo, que salí medio al revés en todo, estoy convencida de que nadie que tenga dos dedos de frente y un poco de alma debería defenestrar a la masturbación. Principalmente porque para muchas personas puede ser la única forma de sexo que jamás conozcan. Y para otras, puede ser la única variable de narcisismo concebible.

miércoles 7 de noviembre de 2007

Freud no tenía razón

Llego a mi casa, me desnudo por completo para esperarlo y mientras me pongo a tono con Lullaby, caigo en la cuenta de que:

- No tuve complejo de Edipo. Si tuve algo parecido, fue con mi madre, no con mi padre. Estoy absolutamente convencida de eso.
- Nunca hice terapia (pisé un par de sesiones que se supone habrían ayudado a alguien, pero fueron totalmente contraproducentes). A lo largo de los años, he advertido que el porcentaje de mis conocidos mental y emocionamente equilibrados es inversamente proporcional al de los que hacen terapia.
- Ninguno de mis amantes más leales (todos hombres) pisó jamás la consulta de un analista.