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miércoles 19 de marzo de 2008

Neurosis negativa

Y dijo Carol:

Te diste cuenta que cuando hablás de los que morían por vos nunca decís "fulanito se enamoró de mí". Decís "fulanito se enganchó conmigo".

Dijo Anaïs:

No sé. El amor es una cosa compleja y ya hay demasiada gente tomándolo a la ligera. Si yo tuviera que creer que cada uno de los que se enganchó conmigo estaba enamorado, no podría con mi propia culpa.

Dijo Carol:

Ese es tu problema, neurótica de mierda. Dejá de llamar a las cosas por otros nombres. Me consta que J. estaba tan enamorado de vos que al día de hoy no puede soslayar el trauma de tu abandono, al momento de ponerse en pareja con otra persona. Es evidente que lo marcaste.

Dijo Anaïs:

Says who?

Dijo Carol:

Yo lo digo. Empezá a hacernos caso a los que te conocemos. A veces pienso que no te querés ni un poquito. Esa auto-desvalorización de tu influencia en los otros me preocupa, no porque te mientas a vos misma, sino porque te lo terminás creyendo. ¿Qué tan difícil puede ser asumirlo? Es bastante obvio cuando un hombre está enamorado, aunque prefieras decir "enganchado". Eso te sirve a vos, no a él. Si te ponés a pensarlo mejor, hasta te diría que es muy de modus operandi masculino, porque te simplifica el momento del corte.

Dijo Anaïs:

Acá entre nosotras, uso más una expresión que la otra por una cuestión de comodidad personal. Siempre me parecieron odiosas esas mujeres que van por la vida diciendo "fulanito se enamoró de mí" o haciendo alarde del poder que tienen sobre los hombres. Yo me sé poderosa y punto. Soy capaz de tener al tipo que se me antoje. Tengo la paciencia, las herramientas y la falta de escrúpulos que se necesita. Él nunca va a pensar que yo me lo levanté, siempre va a creer que fue él quien se fijó en mí primero. Después de todo este juego de poder en el que siempre gano yo... encima voy a estar haciendo un alarde de la conquista y de lo simples que son los tipos? Lo pelotudos que pueden ser al enamorarse de una depredadora como yo, cuando le planteo reglas claras desde el primer momento? Me parece cruel, innecesario.

Dijo Carol:

Eso es ser guacha, eh. No creo que asumiendo esa actitud seas mejor que las mujeres que presumen de rompecorazones.


domingo 16 de diciembre de 2007

Depredadora

Dijo Carol:

En algún momento de mi vida pensé en parar, pero honestamente nunca sentí que estuviera siendo excesiva... ¿me entendés? Nunca me vi a mí misma como una puta por ir de cama en cama. Después de todo, yo elijo al tipo al que le doy el celular, o la dirección de mi departamento; yo soy la que decide cuando una relación se terminó. Al día de la fecha, no puedo recordar un solo tipo que me haya dicho que "no", que me haya rebotado, que me haya cortado. Siempre soy yo la que se va.

Lily dice que tal vez todo este tema con los tipos más grandes y el control sobre ellos tenga que ver con el abandono de mi viejo. Seguramente tiene razón. Lo único que sé es que siempre voy detrás de una figura a la que admirar, y que de ser posible no me de cabida desde el principio. El desafío de quebrar a este tipo es lo que hace que una relación (dure un día, o dos, o cien) verdaderamente valga la pena.

El problema es que una vez que los tengo a mis pies, rendidos, entregados y absolutamente enamorados, necesito sacármelos de encima. Aparecen de golpe todos sus defectos, su lado más desagradable. No soporto sus miserias de hombres débiles, me asquea que se rebajen hasta cualquier extremo de humillación con tal de cogerme de nuevo. Me asfixian. Así que, de a poco, dejo de atenderles los llamados, los espío por el visor del portero y dejo que se cansen de tocar, de lloriquear mensajes en el contestador, de mandar mails que borraré sin leer.

Dijo Anaïs:

Yo no puedo. Prefiero pensar bien antes de actuar, porque soy verdaderamente incapaz de negarle algo a alguien, una vez prometido. Acordate que no todas las promesas son explícitas. Entregarte de la manera en que evidentemente lo hacés, a ese hombre que tenés entre las piernas le suena igual a una posibilidad de continuidad. Si esa suerte de confianza tiene agregado el elemento del no compromiso, o el desafío de conquistarte, están perdidos. No sé... Verdaderamente, prefiero no hacer sufrir a nadie.

Dijo Carol:

Pero después, ¿cómo te los sacás de encima?

Dijo Anaïs:

Nunca dejo que se acerquen tanto; ninguno sabe cuál es mi dirección exacta, qué hago para vivir, algunos ni se enteran que el que les doy no es mi verdadero nombre. ¿Qué necesidad tenés de crear un vínculo tan fuerte con un tipo cualquiera, más sabiendo que después sobreviene el asco? Desaparecer, diluír el contacto es muchísimo más sencillo si nunca supieron bien quién era yo.


jueves 15 de noviembre de 2007

Conociendo a Carol

Carolina (o Carol, como le dice su madre) es mi única amiga de la infancia. Como pocas, ha visto mis transiciones una a una y me ha acompañado en cada etapa, aún en los años que pasé geográficamente lejos de ella. Mis charlas con Carol han sido casi una perdición para las dos; si nos juntábamos a estudiar, ninguna estudiaba. Las tardes y las noches pasaban volando y los temas no tenían fin.

Nuestros conocidos, los grupos que solíamos frecuentar, no podían imaginar una dupla más despareja. Una era el sol, la otra la luna. Mientras Carol brillaba casi intuitivamente, haciendo que las cabezas giraran para verla de manera inevitable, yo pasaba desapercibida. Las dos destacábamos por lo expresivas, pero era a Carol a quien la gente escuchaba; tal vez por esa cualidad gestual innata, la forma en que cada uno de sus músculos faciales se mueve cuando modula las palabras y que hace que lo que ella dice (no importa qué) sea lo más interesante de este mundo. Nunca está quieta, y ya sea que hable o escuche clava sus ojos grandes y profundos en la cara de su interlocutor. Un par de ojos ineludibles. Cara de gitana, lenguaje corporal agresivo. Nada más distinto a mí... Carol. Y sin embargo, somos afines. Inseparables.

Con la adultescencia llegaron los temas inevitables. De tan unidas, debutamos casi al mismo tiempo y con los primeros novios "oficiales". Nuestras respectivas carreras nos separaron; hoy, Carol es asesora responsable en una importante consultoría. Nada más distinto de lo que hago yo: escribir, y ocasionalmente apagar algunos incendios para una firma independiente, chiquita; ese tipo de empresas que viven de las empresas en las que trabajan las Carol del mundo.

La distancia de las grandes ciudades, que a veces es bastante más compleja que la diferencia entre un barrio y otro o la forma en que se llega de mi casa a la suya (distancia medida muchas veces en términos de agenda) nos sabe tener a mal traer. Y sin embargo, siempre hay tiempo para cruzar un par de palabras o tener una de esas sustanciosas conversaciones que nos hacían perder la noción del tiempo en épocas de colegio.

Carol, ese espejo invertido de mí misma, cuyos subibajas emocionales están misteriosamente ligados a los míos, se está separando. Justo ahora, que yo encuentro el amor.