domingo 15 de enero de 2012

Un jour á un moment

La felicidad, esa hija de puta. Mis amigos solían decírmelo. Cuando llegues a la felicidad te será cada vez más difícil escribir.
Pero no dejé de escribir, mi escritura no murió; está más viva que nunca... sólo que en otros escenarios, más secretos, donde todavía no me decido si ponerla a consideración de los expertos, propios o ajenos.
Entonces entro a este pequeño espacio cada vez más pequeño, un hermoso lugar donde me encantaba jugar y que el año pasado apenas tuvo un post para lucir; o deslucir, más bien. Me quedo absorta ante las entradas que quedaron en borrador y pienso: este año sí, retomo. Sí o sí. Pero desde dónde. Desde qué punto. A quién le escribo ahora. Todo lo que tengo para decir sigue más o menos igual, excepto mi perspectiva, quizá.
Ya no soy una pre-treintañera. Soy una persona de más de treinta y por fin, después de muchos años de trabajos informales, formales, febriles, desganados, después de mucho derivar y algo de incertidumbre, después de la bohemia (transcurro en la bohemia, de todos modos) y del pragmatismo... después de muerte, dolor y angusias, de dos años de psicoterapia y una felicidad increíble que no sé cómo conseguimos sostener a pesar de mis viarazas, estoy pensando en darle a mi vida un rumbo firme, nuevo, perfecto. Que cierre al menos un ciclo de los tantos que dejé abiertos mientras caminaba a la deriva.
Un día a la vez, iré volviendo. Como siempre vuelvo: la misma, renovada.

1 comentarios:

yoyuncigarrito dijo...

Rebienvenida toi, al menos yo te he echado en falta.