lunes 17 de marzo de 2008

La máquina de follar (II)

Entró con dos vasos y las cervezas frías abiertas. Yo todavía daba vueltas, un poco confundida, cerca de la ventana que daba a la calle arbolada; para disimular mi nerviosismo, después del primer brindis sobre la cama le mandé mano dentro de los calzoncillos. Se echó hacia atrás con aire divertido y exagerado... pero ya estaba totalmente al palo, y parecía ser mejor de lo que se apreciaba a simple vista.

La ropa no tardó en volar por toda la habitación. Como le dije que me gustaba la música celta, consiguió un CD chill out para ponerme en clima. Era tan malo y al principio estaba tan nerviosa por la situación que me costó dejar de concentrarme en cualquier cosa que no fuera la música.

No tardó en tomarme el viento. Estaba claro que no iba a permitir que fuera yo la de la iniciativa. Me tumbó boca arriba sobre la cama para besar todo mi cuerpo, mientras se iba deshaciendo de las prendas que faltaban. Con la clásica presunción del macho que sabe levantarse minas de poca experiencia, me soltó todas las frases clásicas... "tu concha es hermosa... ", "me encanta que seas tan puta", "alguna vez te dijeron que sos sumamente comestible?". A todas sus palabras, yo respondía con un silencio hermético, clavando mis ojos en los suyos y enredando los dedos en su pelo, obligándolo a concentrarse en lo que realmente sabía hacer con la boca.

Su verga se me hacía desear. Solo podía intuirla por la presión ocasional entre las pantorrillas y los muslos. "Dejame chuparla" pedí, forzándolo a mirarme con una mano bien apretada detrás de su nuca. Tenía los ojos brillantes, los labios entreabiertos. Apoyó sus manos en mis rodillas, abriéndome los muslos y sin mediar aviso, puso la punta de la verga en mi concha, empujando un poco. Me erguí, rechazándolo.

"Sin forro no".

Sonrió de lado y empujó calculadamente, una y otra vez sólo con el glande, logrando que terminara de empaparme.

"Es que no tenés idea de lo bien que se siente garcharte asi"

Di un empujón más fuerte, sentándolo en la cama y poniéndome encima de él, expulsándolo del todo. Aún así, no resistió por mucho tiempo mi concha suspendida sobre él, rozándolo sin permitirle la penetración. Estiró la mano sin dejar de mirarme, se puso el forro rápidamente y me acaballé sobre él de inmediato. Me abrazó con tanta fuerza que podía imaginar sus dedos marcados en mi espalda al día siguiente. A partir de ese momento, el juego fue absolutamente compartido. Me cogió de todas las formas imaginables, incluso totalmente de pie, con las manos apoyadas en la viga más baja del techo.

B. es (al día de la fecha nadie me ha desmentido) uno de los hombres más machistas que haya conocido. Mientras pasaba por todoss los estados de excitación, pensaba que tal vez por eso se preocupaba por darme tanto placer. Estaba maravillada de la pericia con que me penetraba boca arriba, con las piernas bien abiertas. O en cuatro patas, levemente empinado hacia adelante. Tenía un ritmo y un timing perfectos. Pero algo fallaba...

Pese al ruido de la sangre bombeando en mis oidos, pese a la intensa excitación, faltaba algo. Ese "algo" que sólo vislumbraba en los momentos en que se cruzaban nuestros ojos y su respiración se suspendía por un segundo. No sé cuántas veces contuvo el orgasmo. Como revancha, lo usé para perfeccionar la técnica que venía aprendiendo desde niña para mi propio placer, estrujando su verga palpitante con contracciones de mi vagina.

"Me vas a matar. Decime qué querés de mí"

"Dame... Dame. Vos sabés lo que quiero. Dámelo"

Me acaballé de nuevo sobre él, pero de inmediato me agarró de la cintura y me puso en cuatro patas. Amagó una brutal penetración anal, pero de inmediato suavizó su embate, trabajando mis nalgas y abriéndolas con paciencia. Mi frente se cubrió de transpiración: era bastante novata en ese terreno. Sin embargo, sin dejar de hablarme y acariciarme la nuca y la espalda, consiguió que me aflojara lo suficiente para dejarlo entrar.

Cuando llegó a la mitad del recorrido, me mordí los labios en un gemido. "Despacio" escuché en mi oído, mientras me cubría con su cuerpo, amoldándose perfectamente a mi ritmo. "Despacio" murmuraba, cada vez más excitado, con una mano jugando en mi clítoris empapado y sus caderas moviéndose hacia atrás y hacia adelante, muy suavemente. Podía sentirlo verdaderamente excitado, respirando en mi nuca con gemidos agudos y entrecortados. "Sos increíble" me dijo. Era el primer cumplido auténtico de la noche. "Sos la mina más caliente que haya conocido".

Giré la cabeza para mirarlo, él me tomó la cara con la mano para besarme y sostenerme la mirada, sin dejar de bombear con suavidad, profundo.

"Callate de una vez" susurré en su boca "y dame todo lo que tengas".

Enardecido y sin dejar de mirarme a la cara, me penetró hasta el fondo. Una. Dos. Tres veces. El placer era insoportable. Acabamos juntos, ahogando el grito boca contra boca. No salió de inmediato, sino que fue aflojándose de a poco. Caímos en la cama, uno junto al otro.

Él me miraba con ojos de incendio y los labios entreabiertos. Pensé que había encontrado la manera de comunicarme con él, en silencio al fin. Pero tuvo que hacer la pregunta.

"Te gustó?"


1 comentarios:

La Maria "C" dijo...

Siempre esos finales impecables.
Desde que conocí su página web, no he dejado de felicitarme por mi buena fortuna.

Saludos!