miércoles 7 de noviembre de 2007

Freud no tenía razón

Llego a mi casa, me desnudo por completo para esperarlo y mientras me pongo a tono con Lullaby, caigo en la cuenta de que:

- No tuve complejo de Edipo. Si tuve algo parecido, fue con mi madre, no con mi padre. Estoy absolutamente convencida de eso.
- Nunca hice terapia (pisé un par de sesiones que se supone habrían ayudado a alguien, pero fueron totalmente contraproducentes). A lo largo de los años, he advertido que el porcentaje de mis conocidos mental y emocionamente equilibrados es inversamente proporcional al de los que hacen terapia.
- Ninguno de mis amantes más leales (todos hombres) pisó jamás la consulta de un analista.

4 comentarios:

betina dijo...

yo me analizo (y pese a eso soy lectora leal de tus escritos)

toi, anais dijo...

C'est bien, ça va! una cosa no quita la otra, ma chére Betina. De todos modos acabo de darme cuenta de esto y no deja de parecerme gracioso, después de tanto tiempo y tanta locura seguir a contrapelo de mis más cercanas compañías.

Nina London dijo...

Toi, si querés te ayudo y gritamos juntas: fuck freud!

toi, anais dijo...

Ay, ay, Nina, a veces los gritos resultan contraproducentes: los más profundamente afectados nos eluden como si fuéramos la peste. De todos modos vale la intención, n'est pas?