Llego a mi casa, me desnudo por completo para esperarlo y mientras me pongo a tono con Lullaby, caigo en la cuenta de que:
- No tuve complejo de Edipo. Si tuve algo parecido, fue con mi madre, no con mi padre. Estoy absolutamente convencida de eso.
- Nunca hice terapia (pisé un par de sesiones que se supone habrían ayudado a alguien, pero fueron totalmente contraproducentes). A lo largo de los años, he advertido que el porcentaje de mis conocidos mental y emocionamente equilibrados es inversamente proporcional al de los que hacen terapia.
- Ninguno de mis amantes más leales (todos hombres) pisó jamás la consulta de un analista.
- Nunca hice terapia (pisé un par de sesiones que se supone habrían ayudado a alguien, pero fueron totalmente contraproducentes). A lo largo de los años, he advertido que el porcentaje de mis conocidos mental y emocionamente equilibrados es inversamente proporcional al de los que hacen terapia.
- Ninguno de mis amantes más leales (todos hombres) pisó jamás la consulta de un analista.


4 comentarios:
yo me analizo (y pese a eso soy lectora leal de tus escritos)
C'est bien, ça va! una cosa no quita la otra, ma chére Betina. De todos modos acabo de darme cuenta de esto y no deja de parecerme gracioso, después de tanto tiempo y tanta locura seguir a contrapelo de mis más cercanas compañías.
Toi, si querés te ayudo y gritamos juntas: fuck freud!
Ay, ay, Nina, a veces los gritos resultan contraproducentes: los más profundamente afectados nos eluden como si fuéramos la peste. De todos modos vale la intención, n'est pas?
Publicar un comentario en la entrada