Dijo Carol:
En algún momento de mi vida pensé en parar, pero honestamente nunca sentí que estuviera siendo excesiva... ¿me entendés? Nunca me vi a mí misma como una puta por ir de cama en cama. Después de todo, yo elijo al tipo al que le doy el celular, o la dirección de mi departamento; yo soy la que decide cuando una relación se terminó. Al día de la fecha, no puedo recordar un solo tipo que me haya dicho que "no", que me haya rebotado, que me haya cortado. Siempre soy yo la que se va.
Lily dice que tal vez todo este tema con los tipos más grandes y el control sobre ellos tenga que ver con el abandono de mi viejo. Seguramente tiene razón. Lo único que sé es que siempre voy detrás de una figura a la que admirar, y que de ser posible no me de cabida desde el principio. El desafío de quebrar a este tipo es lo que hace que una relación (dure un día, o dos, o cien) verdaderamente valga la pena.
El problema es que una vez que los tengo a mis pies, rendidos, entregados y absolutamente enamorados, necesito sacármelos de encima. Aparecen de golpe todos sus defectos, su lado más desagradable. No soporto sus miserias de hombres débiles, me asquea que se rebajen hasta cualquier extremo de humillación con tal de cogerme de nuevo. Me asfixian. Así que, de a poco, dejo de atenderles los llamados, los espío por el visor del portero y dejo que se cansen de tocar, de lloriquear mensajes en el contestador, de mandar mails que borraré sin leer.
Dijo Anaïs:
Yo no puedo. Prefiero pensar bien antes de actuar, porque soy verdaderamente incapaz de negarle algo a alguien, una vez prometido. Acordate que no todas las promesas son explícitas. Entregarte de la manera en que evidentemente lo hacés, a ese hombre que tenés entre las piernas le suena igual a una posibilidad de continuidad. Si esa suerte de confianza tiene agregado el elemento del no compromiso, o el desafío de conquistarte, están perdidos. No sé... Verdaderamente, prefiero no hacer sufrir a nadie.
Dijo Carol:
Pero después, ¿cómo te los sacás de encima?
Dijo Anaïs:
Nunca dejo que se acerquen tanto; ninguno sabe cuál es mi dirección exacta, qué hago para vivir, algunos ni se enteran que el que les doy no es mi verdadero nombre. ¿Qué necesidad tenés de crear un vínculo tan fuerte con un tipo cualquiera, más sabiendo que después sobreviene el asco? Desaparecer, diluír el contacto es muchísimo más sencillo si nunca supieron bien quién era yo.
En algún momento de mi vida pensé en parar, pero honestamente nunca sentí que estuviera siendo excesiva... ¿me entendés? Nunca me vi a mí misma como una puta por ir de cama en cama. Después de todo, yo elijo al tipo al que le doy el celular, o la dirección de mi departamento; yo soy la que decide cuando una relación se terminó. Al día de la fecha, no puedo recordar un solo tipo que me haya dicho que "no", que me haya rebotado, que me haya cortado. Siempre soy yo la que se va.
Lily dice que tal vez todo este tema con los tipos más grandes y el control sobre ellos tenga que ver con el abandono de mi viejo. Seguramente tiene razón. Lo único que sé es que siempre voy detrás de una figura a la que admirar, y que de ser posible no me de cabida desde el principio. El desafío de quebrar a este tipo es lo que hace que una relación (dure un día, o dos, o cien) verdaderamente valga la pena.
El problema es que una vez que los tengo a mis pies, rendidos, entregados y absolutamente enamorados, necesito sacármelos de encima. Aparecen de golpe todos sus defectos, su lado más desagradable. No soporto sus miserias de hombres débiles, me asquea que se rebajen hasta cualquier extremo de humillación con tal de cogerme de nuevo. Me asfixian. Así que, de a poco, dejo de atenderles los llamados, los espío por el visor del portero y dejo que se cansen de tocar, de lloriquear mensajes en el contestador, de mandar mails que borraré sin leer.
Dijo Anaïs:
Yo no puedo. Prefiero pensar bien antes de actuar, porque soy verdaderamente incapaz de negarle algo a alguien, una vez prometido. Acordate que no todas las promesas son explícitas. Entregarte de la manera en que evidentemente lo hacés, a ese hombre que tenés entre las piernas le suena igual a una posibilidad de continuidad. Si esa suerte de confianza tiene agregado el elemento del no compromiso, o el desafío de conquistarte, están perdidos. No sé... Verdaderamente, prefiero no hacer sufrir a nadie.
Dijo Carol:
Pero después, ¿cómo te los sacás de encima?
Dijo Anaïs:
Nunca dejo que se acerquen tanto; ninguno sabe cuál es mi dirección exacta, qué hago para vivir, algunos ni se enteran que el que les doy no es mi verdadero nombre. ¿Qué necesidad tenés de crear un vínculo tan fuerte con un tipo cualquiera, más sabiendo que después sobreviene el asco? Desaparecer, diluír el contacto es muchísimo más sencillo si nunca supieron bien quién era yo.


4 comentarios:
te iba a contar algo, pero era muy largo de escribir.
después te cuento.
o no, cómo quieras.
Yo: y... cuente! ahí tiene el mail, muchacho. Somos democráticos aquí.
(uy! hacía un montón que no entraba y me encuentro con este diálogo exquisito)
dos posiciones para el no-encuentro.
dos formas de protegerse del después.
dos voces femeninas, tan femeninas como lo somos todas las que queremos algo más que lo que algún día nos dijeron que debíamos querer.
me gustó mucho este post.
adieu, anaïs!
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