domingo 3 de junio de 2007

Despertar (I)

Salgo de la facultad con las carpetas en la mochila. Atravieso la plaza Moreno, que pese a la hora parece dormida aún. Será el frío, pienso, maravillándome de tener todo el centro para mí. Pocos autos y menos gente. No sé en qué estoy pensando, pero necesito ver a S. Voy a la pensión, desviándome del camino por puro instinto y sin justificación alguna.

Me atiende uno de los chicos, que comparte la habitación con él. Está durmiendo, me dice. A ver si al menos te hace caso a vos y se levanta.

Entro a la pieza. El duerme en una de las cuchetas de arriba; es el único ocupante de una pieza de cuatro, todos los demás ya están rondando las aulas. Le acaricio la cabeza.

"Soy yo. Despertate".

Gira la cabeza, somnoliento. Sonríe.

"Querés que te haga mate?" insisto.

Me mira con los ojos entrecerrados y aparta las sábanas invitándome a subir en silencio. Dudo, pero hace demasiado frío. Y yo quiero... No sé qué quiero. Me encanta tenerlo cerca, y desde el cumpleaños no nos hemos visto, mucho menos tocado.

Subo, vestida y todo. Me abraza posesivamente. Sus manos me acarician con descaro y sin pausa; con un solo gesto me levanta el pullover y las dos remeras, junto con el corpiño. Jadeo al sentirle las manos frías, mientras quedo boca arriba, frente a él. Se mete los dos pezones en la boca, con hambre, uno después del otro. Me retuerzo.

"Boludo, puede venir alguien."

"No hagas tanto quilombo y no va a venir nadie" me dice, riéndose de mis intentos por zafar del abrazo; tiene una pierna suya entre las mías. S. duerme en calzoncillos, aún en invierno. Mi cara arde, él se queda mirándome con los labios entreabiertos a centímetros de los míos...

"Me gustás así..."

"Así cómo..."

"Caliente..."

Me da vuelta de cara a la pared, me baja los joggings y la tanga con urgencia, sin siquiera preguntarme si me cuido con pastillas. Llego a calcular rápidamente que no estoy ovulando; él me coge con ansias, abrazándome, las manos cruzadas sobre mis pechos, la cara hundida en mi cuello. Siento su lengua en la nuca. No tarda más que unos segundos, ni siquiera llego a alcanzar mi propio orgasmo. El está exultante, y yo terriblemente desconcertada. Sé que voy a querer más de él, pero...¿qué?

Sin saberlo, mientras tratamos de volver a la normalidad (caras rojas, labios inflamados) estamos despertando a las bestias.


2 comentarios:

betina dijo...

toi, querida y retornada:
el "Sé que voy a querer más de él, pero...¿qué?" en medio de la calentura explícita me resultó sublime.
no te pierdas tanto tiempo (que se extrañan las situaciones calientes de este blog)

Nina London dijo...

Ojo con las bestias que despiertas son bestias...beso