miércoles 25 de noviembre de 2009

Coeur lâche

Es tan inquietante que justo ahora que estoy perfectamente bien y establecida en la monogamia, queriéndola y valorándola como nunca, me estén torturando estas fantasías lésbicas que creí dejadas atrás a fuerza de costumbre.
Me dejé ser heterosexual, aún sabiendo que mi inclinación es otra. Y no es por aburrimiento ni por falta de estímulos. Simplemente pasa una noche, con un sueño casual. Al otro día no te tocás la vulva como todos los días y el roce de los dedos contra el vello mínimo te empapa de nuevo. De allí a la evocación de aquellos clítoris tiernos y temblorosos, del sabor que persiste en los labios tuempo después, del olor incrustado en la memoria hay un solo paso.
Deseás otra vez. Y lo peor es que sos la misma insegura de siempre. La que no se atreve a preguntar "te animás?" a esa mujer que le gusta. La que se sabe persuasiva y capaz de corromper la moral más estricta, pero que piensa en todos los "y si...". La que ahora no es una, sino dos. La que quisiera, quisiese, querría.... pero no se anima a dar un paso sin su hombre.
Se lo conté ayer. Quedó pensativo. No debe ser fácil de creer (para él ni para nadie) que una depredadora en cuarteles de invierno pueda querer salir de paseo por la variable más insólita. Sin embargo, me cree. Me conoce. Ya no deseo a los hombres en el plano de la desesperación obsesiva. No me calientan los hombres como antes: por sí mismos, por algo que emanaba de su personalidad o por su química. Puedo pensar en alguno que me haya llamado la atención con la misma intensidad con que aprecio un hecho artístico exquisito.

Pero el anhelo de la hembra por la hembra no se compara con nada. Cuando llega, arrasa.

lunes 3 de agosto de 2009

Pensando en volver

No, no se me dio por cantar esa espantosa cortina musical de Ricardo Montaner. Pero sí que estaba pensando en volver a escribir aquí, como solía hacer cuando éramos más pobres e igual de felices. Cuando yo era un proyecto de ama de casa de medio tiempo y ni soñaba que iba a encontrar gusto en esperarlo con la comida, o con la cama perfumada y el departamento ambientado para una noche romántica.


Pensé en abandonar, muchísimas veces desde que Él apareció en mi vida. Pero las depredadoras siempre lo somos, aún en retirada, y todavía me quedaba mucho para contar. Todavía tengo algunas aventuras que tengo que sacarme de encima. Todavía soy tortuosa, perversa y divertida. Formar una pareja estable no cambia lo que soy. Así me quisieron. Así me entregué.


Ayer, leyendo mis dos líneas huérfanas anteriores, me repetí a mí misma las palabras de Él. Las palabras que me inspiraron a empezar todo. "Deberías escribir". No importaba para quién, si era para él y para mí estaba todo bien. Hay tanto diario impostado dando vueltas que quién se iba a imaginar que este es verdadero. Hay tanta mujer en pose de perra, hablando de fantasías y de masturbaciones, de celos gataflóricos, de gemidos y de arcadas causadas por vergas poderosas, y de lesbian chic, que yo ya soy una niñita de pecho a esta altura.


Entonces, pienso volver a escribir y terminar todas las historias que dejé inconclusas. También por qué no, agregar corolarios de las que no fueron. Y enfrentarlos a todos en un "XXX months / years later".




jueves 30 de julio de 2009

Estoy viva.
Ya regreso. Gracias por los que todavía siguen aquí...

viernes 3 de abril de 2009

"Hacele caso a tu madre"

Reniego contra la tiranía del maquillaje. No es rebeldía sino comodidad. Una sola vez jugué a pintarme cuando era niña y no volví a hacerlo: me disgusta siquiera el olor de la base en polvo, el labial y las sombras en barra. Me molesta tener que limpiarme el pegote de la cara antes de acostarme. Aún así, a veces tengo que hacerlo. Y siempre recibo el mismo comentario de parte de Él:
"Me gustás más sin maquillaje".
Será otra de mis recurrencias, pero todas las parejas que tuve (aún las ocasionales) me decían lo mismo.
Mi madre, por el contrario, celebra cada rasgo de coquetería. Cuando me ve pintada, suspira y piensa en voz alta "por qué no lo hará más seguido".

"A Él le gusto más sin maquillaje, y a mí me viene bárbaro" le respondo. "Todos me han dicho lo mismo".
Mamá resopla.
"Él es tano, igual que todos los demás. Igual que tu padre. Hay algo que tenés que aprender de los tanos, y es que siempre van a querer la exclusiva. Cuanto más linda te ponés, más peligro sienten que corren. No les gusta que los otros hombres te miren, y obviamente te miran más cuando resaltás tus rasgos fuertes con maquillaje. Así que no le hagas caso y pintate. Qué importa que los demás te vean.... Y de última pensá bien antes de engancharte con otro tano, hija!".

jueves 26 de febrero de 2009

L'empereur est nu

En mi inconsciente juegan dos recurrencias con alguna continuidad lógica.

- Sueño con desnudos o la comodidad naturista: Si los que me conocen imaginaran que detrás de este aspecto de monjita de clausura se esconde una furiosa naturalista (de esas que no pueden estar vestidas en la intimidad de su propio hogar), más de uno cambiaría la forma en que me mira. Mi manía va más allá de los sueños freudianos donde me descubro desnuda en medio de una multitud: a veces me dejo llevar por la tentación de caminar desnuda por los palieres del edificio los dines de semana, o (mucho más frecuentemente) no usar ropa interior bajo la ropa de diario.
Casi todas mis parejas han sido tan reticentes a la desnudez completa que nuestras relaciones empezaron mal trazadas hasta que reaprendí la costumbre de usar algo de ropa de entrecasa.

- También me pasa lo otro. Lo grave, lo catastrófico para cualquier relación: Empezar creyendo que no existe otra persona en el mundo igual a él, ignorando deliberada y neuróticamente sus defectos. Y, finalmente, descubrir su desnudez. Su pequeñez de ser humano, falible e imperfecta.

Descubro que esa desnudez no es la que yo quería y me alejo sin remedio.

jueves 12 de febrero de 2009

Me doy cuenta que estoy enamorada...

... cuando soy capaz de pasar por un pequeño período de abstinencia sexual sin sentir la necesidad de masturbarme.
La fantasy, l´imagination, ils sont suffíssament...

(Sólo me pasó dos veces en la vida. Hace diez años, y ahora)

miércoles 4 de febrero de 2009

Otro domingo sin sol

Desde que vivo con Él he descubierto mucha música que escapaba a mis gustos y aficiones.

Nunca tuve un alma melómana, en realidad. No soy de las personas que consideran que su vida está incompleta sin la música, sino más bien de esas que creen que existen un par de temas musicales evocadores, muy puntuales. De esas que piensan, cada dos por tres "esta podría ser nuestra canción", pero después deja ir la melodía detrás de otros pensamientos más urgentes.
La música mental de mis pensamientos está sobrecargada de palabras enlazadas, sin armonías ni notas.

Sin embargo, desde que Él trajo música nueva a mi vida, nuestros viajes y recesos, nuestras actividades hogareñas y los domingos lluviosos están llenos de música.
Por ejemplo, este artista mexicano que no conocía y que una de sus amigas nos recomendó:



(la calidad es bastante mala, pero vale para presentarlo. Espero!)

Mi lado masoquista a veces fantasea con la posibilidad (aún remota) de su ausencia prolongada (un viaje que lo separara de mí, por ejemplo: no me atrevo a ir más allá). Cuando la fantasía se vuelve tan real que es dolorosa, pienso automáticamente en los cajones llenos de discos, su espacio de la biblioteca medio vacío, el disco rígido de la computadora lleno de videos musicales que se trajo de su casa.

¿Qué podría hacer yo con todo eso?

Indudablemente debería volver a sumirme en el silencio más absoluto. Porque si hay algo que aprendí en este largo-corto tiempo es que hay pocas cosas más dolorosamente evocadoras que la música compartida, como un código de enlace entre dos almas que se miran.

Y si remite a los mejores momentos de tu vida, mucho peor.

Volvería a los domingos sin sol profundamente melancólicos a los que remite la canción de Alejandro, a las persianas bajas, al sentimiento doloroso de renguera que te da la falta del otro para caminar la vida.