viernes 3 de abril de 2009

"Hacele caso a tu madre"

Reniego contra la tiranía del maquillaje. No es rebeldía sino comodidad. Una sola vez jugué a pintarme cuando era niña y no volví a hacerlo: me disgusta siquiera el olor de la base en polvo, el labial y las sombras en barra. Me molesta tener que limpiarme el pegote de la cara antes de acostarme. Aún así, a veces tengo que hacerlo. Y siempre recibo el mismo comentario de parte de Él:
"Me gustás más sin maquillaje".
Será otra de mis recurrencias, pero todas las parejas que tuve (aún las ocasionales) me decían lo mismo.
Mi madre, por el contrario, celebra cada rasgo de coquetería. Cuando me ve pintada, suspira y piensa en voz alta "por qué no lo hará más seguido".

"A Él le gusto más sin maquillaje, y a mí me viene bárbaro" le respondo. "Todos me han dicho lo mismo".
Mamá resopla.
"Él es tano, igual que todos los demás. Igual que tu padre. Hay algo que tenés que aprender de los tanos, y es que siempre van a querer la exclusiva. Cuanto más linda te ponés, más peligro sienten que corren. No les gusta que los otros hombres te miren, y obviamente te miran más cuando resaltás tus rasgos fuertes con maquillaje. Así que no le hagas caso y pintate. Qué importa que los demás te vean.... Y de última pensá bien antes de engancharte con otro tano, hija!".

jueves 26 de febrero de 2009

L'empereur est nu

En mi inconsciente juegan dos recurrencias con alguna continuidad lógica.

- Sueño con desnudos o la comodidad naturista: Si los que me conocen imaginaran que detrás de este aspecto de monjita de clausura se esconde una furiosa naturalista (de esas que no pueden estar vestidas en la intimidad de su propio hogar), más de uno cambiaría la forma en que me mira. Mi manía va más allá de los sueños freudianos donde me descubro desnuda en medio de una multitud: a veces me dejo llevar por la tentación de caminar desnuda por los palieres del edificio los dines de semana, o (mucho más frecuentemente) no usar ropa interior bajo la ropa de diario.
Casi todas mis parejas han sido tan reticentes a la desnudez completa que nuestras relaciones empezaron mal trazadas hasta que reaprendí la costumbre de usar algo de ropa de entrecasa.

- También me pasa lo otro. Lo grave, lo catastrófico para cualquier relación: Empezar creyendo que no existe otra persona en el mundo igual a él, ignorando deliberada y neuróticamente sus defectos. Y, finalmente, descubrir su desnudez. Su pequeñez de ser humano, falible e imperfecta.

Descubro que esa desnudez no es la que yo quería y me alejo sin remedio.

jueves 12 de febrero de 2009

Me doy cuenta que estoy enamorada...

... cuando soy capaz de pasar por un pequeño período de abstinencia sexual sin sentir la necesidad de masturbarme.
La fantasy, l´imagination, ils sont suffíssament...

(Sólo me pasó dos veces en la vida. Hace diez años, y ahora)

miércoles 4 de febrero de 2009

Otro domingo sin sol

Desde que vivo con Él he descubierto mucha música que escapaba a mis gustos y aficiones.

Nunca tuve un alma melómana, en realidad. No soy de las personas que consideran que su vida está incompleta sin la música, sino más bien de esas que creen que existen un par de temas musicales evocadores, muy puntuales. De esas que piensan, cada dos por tres "esta podría ser nuestra canción", pero después deja ir la melodía detrás de otros pensamientos más urgentes.
La música mental de mis pensamientos está sobrecargada de palabras enlazadas, sin armonías ni notas.

Sin embargo, desde que Él trajo música nueva a mi vida, nuestros viajes y recesos, nuestras actividades hogareñas y los domingos lluviosos están llenos de música.
Por ejemplo, este artista mexicano que no conocía y que una de sus amigas nos recomendó:



(la calidad es bastante mala, pero vale para presentarlo. Espero!)

Mi lado masoquista a veces fantasea con la posibilidad (aún remota) de su ausencia prolongada (un viaje que lo separara de mí, por ejemplo: no me atrevo a ir más allá). Cuando la fantasía se vuelve tan real que es dolorosa, pienso automáticamente en los cajones llenos de discos, su espacio de la biblioteca medio vacío, el disco rígido de la computadora lleno de videos musicales que se trajo de su casa.

¿Qué podría hacer yo con todo eso?

Indudablemente debería volver a sumirme en el silencio más absoluto. Porque si hay algo que aprendí en este largo-corto tiempo es que hay pocas cosas más dolorosamente evocadoras que la música compartida, como un código de enlace entre dos almas que se miran.

Y si remite a los mejores momentos de tu vida, mucho peor.

Volvería a los domingos sin sol profundamente melancólicos a los que remite la canción de Alejandro, a las persianas bajas, al sentimiento doloroso de renguera que te da la falta del otro para caminar la vida.

jueves 15 de enero de 2009

Reencuentro

No estoy lista. Sé que va a venir y no estoy lista. No pude pasar por el salón de belleza ni comprar siquiera una maquinita de afeitar. No pude lavarme el pelo desde ayer. No pude comprarme esas medias con las que pensaba recibirlo. No tuve tiempo de cocinarle nada rico, aunque por suerte en la heladera se enfría un vino y hay queso con tostadas. No pude tender la cama, ni levantar la ropa del canasto del baño. No pude pasar un buen escobillón en el living. No pude componer ese portarretratos roto, caído de cotelé en la mesa de luz. No pude descolgar el teléfono y me interceptó mi madre cuando intentaba repasar la mugre de los aparadores. No pude ni siquiera pasarme un peine por el pelo, y ya está sonando el timbre...
Con una mano sostengo el tubo y me despido, con la otra equilibro el auricular del portero y le doy paso. Ya viene, ya viene... Levanto el mantón del suelo y lo extiendo en el sofá, donde se supone que debería estar siempre. Me desconsuela sentir el roce del vello y la pátina de transpiración inodora que comienza a formarse bajo mis axilas. Tal vez no está tan impaciente por verme, tal vez pueda robarle unos minutos mientras lo destierro a la cocina a preparar esa picada improvisada y pueda meterme al baño como Michelle Pfeiffer en "Un día perfecto", tal vez se me haya pasado por alto alguna maquinita usada, y...
Tres golpes secos en la puerta, le abro.
Me envuelve entre sus brazos. Me quita todo el aire con un beso que es muchos besos apretados, demandantes.
Me saca la camisa, el pantalón y los zapatos. Su lengua en la oreja no consigue (todavía) que me olvide de mis zoquetes de algodón agujereados en las puntas, pero casi. Dejo de prestarle atención a ese sudor finito que está cubriendo todo mi cuerpo como un rush de adrenalina.
¿Cuánto tiempo pasó? ¿Un mes sin verlo? ¿Dos semanas? ¿Tres días?
Podría haber sido ayer, para lo que me hace...
Puteo en su oído, arrastrando las letras. Le gusta.
- Podrías haberme dado unos minutos para ponerme linda...
Me agarra de los hombros y me tumba con una llave maestra sobre el sillón. Dos segundos y chau mantón artesanal: vuelve al piso de donde lo levanté. Al pedo. Igualmente ya no escucho nada, no veo nada: solamente el rumor de su lengua en mis oídos, en mi cuello, el incrustarse de sus dedos sin uñas en la piel, su urgente búsqueda entre mis piernas hasta calzarme la verga gloriosa el galope profundo la lengua en mis axilas las pestañas húmedas el pecho salpicado de manchas arreboladas la sed el hambre el desenfreno el despertar las ansias los reclamos las declaraciones de amor los gritos los mordiscos mi pelo entre sus manos el suelo resbaloso dolor en las rodillas su nariz en mi espalda los juegos los abrazos el silencio....

miércoles 31 de diciembre de 2008

Bonne Année

Todavía no son las doce de la noche. Tengo la cabeza llena de burbujas y estoy a punto de perder el vestido, las medias de liga y los zapatos.

Me están arrancando de la computadora, pero ante todo quería desearles FELIZ 2009.

Ojalá lo empiecen y lo terminen igual que yo.

viernes 5 de diciembre de 2008

Diez placeres privados (o para compartir de a dos)

- Cocinar vestida únicamente con el delantal, con música acorde al plato que se prepara.
- Quedarse en casa todo un domingo de lluvia para hacer orden y limpieza.
- Leer en la cama, en el baño o echada en el suelo.
- Probarme toda la ropa "de salir" que tengo, como si jugara a los disfraces.
- Cantar a voz en cuello saltando de una voz a la otra y bailando al mismo tiempo.
- Cerveza helada hasta marearme. De ser posible, de dos o tres marcas distintas para disfrutar el contraste.
- Sexo con porro.
- Escribir manuscrito, teniendo a mano una copa de vino y un plato de papas bravas.
- Comer croutons bien cargados de guacamole y queso fundido, para poder chuparme los dedos al final.
- Dar una caminata larga que termine en un buen baño de inmersión y en un revolcón de urgencia.